Una musa para fotografiar, los parques

A cualquier artista a veces se queda en blanco y no encuentra la inspiración. Alguna vez cuando nos hemos puesto a pensar en algún tema para un trabajo no lo hemos tenido claro, hemos tenido que darle mil vueltas antes de empezar a pintar, escribir, grabar, esculpir… algunos cuentan que se les ha encendido la bombilla en los momentos más cotidianos, por ponerles un nombre. Si Arquímedes dijo “eureka” al darse un baño, por qué nosotros no podemos tener ocurrencias semejantes.

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Salir a la calle siempre te expone a cientos de estímulos que pueden sugerirte la solución a cualquier problema: la llegada del autobús, un vagabundo aquí, alguien haciendo pis… La sabiduría “simpsonil” nos ha enseñado que cualquier situación puede ser buena para crear algo que resuelva cualquier vicisitud, como el capítulo en el que el hermano de Homer recupera su fortuna al ver el llanto de un bebé. A raíz de ese hechos diseña una máquina que traduce el gimoteo de los infantes en las necesidades que precisan, de ese modo sus padres las pueden solventar con mayor rapidez y no dar palos de ciego.

Los parques son ese cúmulo de ir y venir de gentes de acá para allá, que hacen y deshacen, riñen y se enamoran. Los fotógrafos tienen en ellos una magnífica oportunidad de inmortalizar instantáneas que pueden pasar a la historia por su plasticidad ¿Quién diría que el hombre saltando un inmenso charco, con un cartel de un ballet de fondo pasaría a ser una de las más sonadas en el mundo de la imagen?

Pues los parques nos pueden dar esto y muchos más. Desde un corredor que está a punto de caerse, a un obrero que cava una zanja o repara una farola, o una pareja que es observada por el típico señor mayor más verde que el acérrimo enemigo de Batman, incluso si nos acaba por invadir el espíritu voyeur pues registrar los momentos más fogosos, cada imagen tiene su encanto.

En Madrid se cuenta con una amplia oferta de parques para hacer carburar la mente de cualquiera: el archiconocido Parque del Retiro, del que también contamos con una fauna que también puede ayudarnos en la tarea, la Dehesa de la Villa, con sus elevaciones y rincones menos transitados, si nos alejamos un poco de la capital en Torrejón de Ardóz, tenemos el Parque Europa, con réplicas de los monumentos del Viejo Continente, o si preferimos una opción más underground el Cerro del Tío Pío o como se conoce comúnmente, las Tetas de Vallecas.